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S  A  R  A   M  O  N  T  I  E  L

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

   

"La Mancha en ti, mujer, y en mi corazón el dardo. Eres demasiado bella para el cine, lo tuyo es el teatro".

( León Felipe.)

 

"Sara Montiel, es nuestra Mae West, representa la inspiración máxima del erotismo tranquilizador, donde la agresividad de la hembra manchega, viene suavizada por sus extravagancias externas: vestuario, fraseología, simpatía, canciones, como por todo lo absolutamente increíble de los temas en que es reina absoluta."

( Terence Moix )

 

 

En un lugar de La Mancha, de cuyo nombre sí quiero acordarme, no ha mucho tiempo que nacía, el 10 de Marzo de 1928, una mujer a la que pusieron por nombre Maria Antonia Alejandra Vicenta Elpidia Isidora Abad Fernández, nombres que más tarde se convertirían en una estrella capaz de cruzar todas las constelaciones, estableciéndose en el centro de todas, para gloria y fortuna de cuantos alguna vez hemos alzado la mirada al cielo y vemos su brillo incandescente, dejando caer uno a uno sus dones, como maná, con los que fue obsequiada un 10 de Marzo, como regalo de dioses.

No voy a analizar su trayectoria artística, ni a escribir un simple artículo frío e impersonal, pues son muy numerosos los existentes y carecen de originalidad. Yo voy a rendir mi tributo a la mujer que supo sobresalir de un lugar compuesto de poesía, calor y tierra roja, atravesando todo tipo de obstáculos y seguir con la mirada puesta en un lejano horizonte, como aquella niña de largos tirabuzones que soñaba con el mundo de Oz, con la magia de un Mago, en un lugar en donde los sueños y la fantasía toman cuerpo. Solo que esta vez el camino de baldosas amarillas lo haría en la más absoluta de las soledades, apresando para sí el color de un arco iris que le iba marcando su camino a seguir. También quiero que mis palabras sean el resultado de una admiración personal hacia uno de los rostros más bellos y cuya perfección es indiscutible, junto con un homenaje de gratitud, admiración y respeto a la amiga, a la persona, al ser infinitamente humano que existe tras su nombre y que pocos conocen. Si con ello puedo herir sensibilidades ajenas a su persona, lo siento, si con ello pueden enturbiarse nombres que van cosidos al suyo como la sangre a la herida, también lo siento. Pero ella abarca mucho más de lo que se pueda imaginar, tanto que hasta el mismo nombre de SARA MONTIEL, puede quedar disminuido y dejar en el lugar que corresponde el que a mí me interesa, que es Maria Antonia Alejandra Vicenta Elpidia Isidora.

 Maria Antonia Abad Fernández está a punto de cumplir 85 años. La imagen que los medios de difusión están ofreciendo de ella estos últimos tiempos, nos han mostrado una personalidad interesada, capaz de embarcarse en naves de rumbo surrealista y a veces caótico. La mentira ha brillado sobre su aún bello rostro y ha llenado portadas de revistas con fines especulativos. Quiero aclarar que para nada María Antonia Abad Fernández o Sara Montiel son portadoras de tan bajas banalidades, propias de otras figuras, incapaces de afrontar un ocaso artístico. Sara está por encima de todo este carnaval y si algo de culpa puede atribuírsele, los medios deberían afinar su punto de mira y dar en un blanco que precisamente no está en su dirección, sino en la corte que la envuelve, le asesora y la maneja a su antojo, con fines puramente especulativos. SARA ha regalado tantos y tan buenos momentos a lo largo de su vida artística, que me niego en rotundo a ver el lienzo Picasiano que está ofreciendo. Es y será una estrella que pertenece por derecho propio y con letras de oro a la Historia del Cine Español. Eso es mas que suficiente para barrer de cualquier mente pensante el cargamento de basura que transporta esa nave que naufraga sin rumbo.

Pueden existir contradicciones entre Antonia y Sara; una, es la mujer que sostiene la mascara de la que el mundo venera de forma incondicional y si en una, la humanidad mas loable es su lema, tal vez tropiece en ocasiones con la ambición que conlleva una fama labrada a fuerza de contratiempos, de adelantarse a su época y de querer ser siempre eterna primera figura. Ese punto de egocentrismo y divismo tan suyo, formará siempre parte de su imagen, de otra forma, dejaría de ser SARA MONTIEL. La humanidad de la primera se funde ante mis ojos, con la metamorfosis palpable de la segunda, creando a pesar de todo un nombre para la historia:

SARA MONTIEL

Establecer un lugar dentro de mi CINEPARAISO para una mujer como SARA MONTIEL, no es tarea fácil, mi web está compuesto por actores y actrices que de alguna forma alzaron las columnas que sostienen la magia de la historia del Séptimo Arte, pero si dentro de este grupo de profesionales, puede tener cabida el fulgor de una “estrella”, sin la menor duda, quien se alza con mas merito es una muchacha manchega, nacida en Campo de Criptana, cuya vida la dedicó en cuerpo y alma al mundo del espectáculo. De esta forma el brillo de los muchos nombres que le acompañan en mi CINEPARAISO, cobra mayor relieve, porque ella tiene suficiente categoría como para ser “objeto de deseo” de cualquier Luis Buñuel que se precie y hacer que nuestros ojos se llenen de color ante una belleza sin comparación posible. SARA MONTIEL es en sí la perfección de unos rasgos trazados con pincel de oro y atributos de diosa, volcados sobre un cuerpo esculpido para la ensoñación de nuestros sueños inconfesables. Nadie podía pensar que, en aquel lugar de La Mancha, un día de Marzo, de un año cualquiera, el viento de sus molinos traerían sobre la aridez de una tierra que muchas veces me recuerdan a Tara, el emblemático marco de mi inolvidable LO QUE EL VIENTO SE LLEVO, a una estrella desprendida de las propias constelaciones.

 

El Teatro de la Zarzuela de Madrid se preparaba para estrenar un espectáculo insólito, era el año 1970 y nunca hasta ahora, Sara Montiel había actuado en un recinto donde se representaban operas, zarzuelas y recitales de cantantes de enorme talla internacional. Su fama le venía de la gran pantalla, y sus películas se seguían viendo con la misma admiración que todos la contemplamos en aquel inolvidable film "El último cuplé". La publicidad que se empleó para este acontecimiento no tiene comparación posible y los anuncios de su espectáculo estaban por toda la ciudad de Madrid. "SARA MONTIEL, EN PERSONA", así se llamaba el espectáculo y las entradas para su estreno se agotaron en poco tiempo. Mis recuerdos de aquellos días los tengo infinitamente nítidos, es como si hoy mismo esos carteles siguieran pegados sobre las paredes de mi ciudad y el corazón me palpitara ante el acontecimiento. Yo percibía a Sara como un autentico monstruo sagrado de la pantalla, sus películas, y su forma de decir las canciones forman ya parte de la sintonía de mi vida y siempre estarán presente, porque son capítulos de mi historia, de mis años jóvenes, de mis locuras de adolescente, de mis escapadas hacia la nada, y en todos los caminos la luz, el color y la voz de Sara formaban un adagio del que no he podido escapar y cuya lentitud musical me envolvía.

Antes de ver el espectáculo escribí unos párrafos sobre ella en la revista Fotogramas, titulado “SARA MONTIEL, EN PERSONA”, Mi escrito salió publicado. Aquel fué el inicio de algo increíble, algo que dió comienzo a la esperanza y destrozó la monotonía de mis días, abriéndome de par en par un mundo desconocido, en el que yo me arrojé de cabeza, sintiendo el placer de sus aguas dando calor a mi piel desnuda. Creo sin lugar a equivocarme que aquel año 1970, con apenas 23 años, el mundo se transformó completamente, ofreciéndome una realidad a la que yo siempre sentía lejana. Aquel pequeño artículo cayó en manos de Sara y como fraseando el final de CASABLANCA:"…. fué el comienzo de una bella amistad".

Antonia, como a mi me gusta llamarle, no tiene nada que ver con Sara, es otra mujer totalmente distinta, desde los pies a la cabeza. La enorme generosidad, bondad y sinceridad de Antonia, chocan con el enorme egocentrismo y divismo de la estrella internacional, es un caso claro de doble personalidad de los muchos que han abundado en el mundo del teatro o el cine. Me recuerda en muchas ocasiones a mi querida Vivien Leigh y su Blanche Dubois de UN TRANVÍA LLAMADO DESEO. Viv nunca pudo, ni quiso deshacerse, ni de Scarlett, ni de Blanche, viviendo una de las más angustiosas existencias que se recuerdan de doble personalidad en una actriz. Viv a veces se despertaba por la mañana y no sabía si estaba en New Orleáns dando vida a Blanche o en la misma plantación de Tara, esperando que en cualquier momento entrara Mamy para vestirle.

 Antonia, me dijo:

"Despertar es un problema que no he podido superar nunca. En ocasiones creo que Antonia se calza las zapatillas y va a la cocina a desayunar, y en otras busco desesperada otras, con adornos, como las que luzco en mis películas. Me cuesta desprenderme de Sara, a veces depende del día, pero no es fácil separarla. Será una maldición que tenemos que llevar los artistas, no sé, pero en cuanto veo una cámara, o me enfocan pierdo a mi Antonia y Sara toma los papeles, hablo con divismo, me escucho a mi misma y me como la cámara".

Algunos de estos comentarios datan de los años, entre 1970 y 1974, cuando Antonia interpretaba uno de sus más sólidos trabajos, "Varietes", otros fueron cuando ya estaba casada con Tous, pero mis primeras conversaciones fueron en el interior de los desaparecidos Estudios Ballesteros, donde se rodaba la película.

¿Cómo llegué ahí?....A veces me cuesta creer que yo viviera semejantes momentos y no pueda volver a ellos, apresando la cadena del tiempo, pero es lamentablemente, no es posible…... Por aquel entonces, yo acababa de regresar de Paris, aún no desempeñaba mi trabajo de Asesor Financiero en una Entidad Bancaria, y gozaba de cierta libertad.

 Recuerdo perfectamente como la conocí:

Cuando se iba a presentar su espectáculo "SARA MONTIEL, EN PERSONA", en el Teatro de la Zarzuela, recibí en mi domicilio de soltero una llamada de su secretario, en la que me decía que Sara Montiel quería conocer personalmente al autor de un comentario escrito sobre ella en la revista Fotogramas y que me personara ese mismo día sobre las cinco de la tarde en el Teatro. Huelga decir que el mundo ya no era el mismo, mi humilde artículo había caído en sus manos y quería verme. ¿seria una broma?, hasta que no entré en el interior del Teatro y la tuve delante de mis ojos, no supe que también los sueños a veces se convierten en realidad.

Allí estaba, con una bata verde, el pelo peinado hacia atrás y clavando en mí aquellos ojos maquillados, que brillaban intensamente. Me pareció la mujer mas bella que había visto nunca. Su voz era la misma que había oído mil veces en sus películas. Esta claro que aquella vez tenía delante a Sara Montiel.

"Hola… me han dicho que te llamas Juan, es un bonito nombre".

Aquella frase fué la primera que le oí pronunciar  y mis nervios me traicionaron, porque no recuerdo lo que contesté. Solo supe que después tenía en mi mano una invitación para el estreno, a la que se sumaron más invitaciones en los años próximos cuando estrenó otros espectáculos.

Mi primer encuentro fué con Sara Montiel, esta claro, Antonia apareció mucho tiempo después, cuando trabajaba en Varietés e íbamos algunos días, a tomar una copa a Oliver, una cafetería muy de moda en aquellos años. Solo puedo apuntar de ese mi primer contacto que, a pesar de no ser muy alta, tenía un rostro muy bello, casi perfecto y su perfume, aún parece que flota, lo siento y aspiro como si fuera ahora ese momento y el tiempo no hubiera pasado. Desprendía un algo sobrenatural, nerviosa, tensa, pero con una aureola que solo poseen los grandes y no cabía la menor duda, el personaje era enorme.

Marlene Dietrich le dijo en una ocasión que vistiera siempre de rojo, negro y blanco, ahora comprendo el porqué. Sara nunca estuvo más bella que cuando lució en su vestuario esos colores. Marlene sabía muy bien adonde llegaría aquella española que vivía en hollywood y quiso indicarle los colores con los que resaltaría su brillante pelo negro y un rostro que parecía creado para ser admirado eternamente.

VARIETÉS

"MIS RECUERDOS"

Se ha escrito mucho sobre Sara, se han inventado historias que para nada tienen que ver con la realidad, y le han levantado falsos testimonios personas que se decían "íntimos". Antonia abarca actualmente todo un historial digno solamente de los nombres grandes del espectáculo. Yo a Sara Montiel no puedo considerarla una actriz en el amplio sentido de la palabra, porque no creo que lo haya pretendido nunca, o tal vez no se lo permitieron, no lo puedo afirmar, pero si que me quedé inmovilizado ante su brillo, ante su fama, su historia, su trayectoria artística, su conocimiento profesional de una simple cámara, sus frases y la enorme lista de personalidades que conoció y que de alguna manera han tenido que ver con aquella niña que un día abrió los ojos en las llanuras áridas de Campo de Criptana. Nombres que pertenecieron a la política franquista de la época, altos cargos de los medios televisivos y radiofónicos, a los que ella se acercaba, tal vez por interés, por cautela política de la época o por dar un aire diferente a su persona. Sara fue una institución digna de tener en cuenta, y estoy convencido de que el día que nos deje, saldrán a la luz todos aquellos momentos con las personalidades que frecuentó, de la misma forma que ahora esos mismos testimonios enmudecen ante los medios. Lo que si puedo decir es que Antonia es una mujer única, que personas de su talla no existen, que seres con su bondad no se encuentran por el mundo y ese, y no otro motivo ha sido el que yo me ponga ante cientos de cuartillas, dispuesto a narrar, a través de la visión y vivencias de un hombre maduro, que a sus 23 años tuvo el privilegio de convertir en realidad la frase final de un film mítico.

VARIETÉS

"PELÍCULA DE CULTO"

En los Estudios Ballesteros de Madrid presencié la realidad que se ocultaba tras la mascara de la estrella, quedé paralizado ante su humanidad, y tremenda profesionalidad, rodeada siempre de una corte de seres sin escrúpulos que no hacían más que succionar la sangre que corría por sus venas, con mentiras y halagos. Mi presencia en el rodaje de VARIETES no viene al caso, pero sí puedo decir que estuvo relacionado con el guión que Juan Antonio Bardem había escrito, basándose en su film CÓMICOS. Antonia me quiso tener a su diestra para gozo mió y estupor de los cortesanos que la invadían, sé que algunos se opusieron a que pisara los Estudios, pero ella me quería allí y ahí estuve, uno de ellos fué Pepe Tous, que me miraba con no muy buenos ojos, pero entonces él no tenía suficiente influencia sobre Antonia. Estuve muchos días a su lado, para gozo mío y creo que para satisfacción de ella, pues muchos detalles, por insignificantes que fueran con su trabajo, me pedía opinión….. Seguía siendo el hombre más feliz del mundo.

 Solo un pequeño detalle para aclarar como era Antonia:

Una tarde, mientras se rodaba la primera parte del tango Celos, solo las secuencias de los bailarines, porque hasta el día siguiente no se rodó su inenarrable bajada por la blanca escalera, entró en los Estudios una actriz de teatro, preguntando por ella. Yo, que estaba cerca le acompañé hasta donde Antonia estaba sentada, viendo los ensayos del baile, La mujer le dijo:

"Sara no tengo para comer, no me llaman para trabajar, ¿podrías ayudarme, aunque fuera poco?.

Yo sentí como se erizaban los vellos de mi joven cuerpo, y un sudor frío me hizo quedar inmóvil, mientras los demás hacían intención de apartarla de Antonia. Pero acto seguido, ella abrió su bolso, saco varios billetes verdes de 1000 pesetas y arrugándolos, se los entregó a la mujer, mirándola con una ternura que aún recuerdo. No pronunció palabra, pero se levantó del asiento y se perdió entre la oscuridad del plató, dirigiéndose al camerino. Su altivo secretario y Pepe Tous acompañaron a la mujer a la puerta y sin decir palabra se marchó, pero yo pude ver cómo en los ojos de la madura actriz, había lágrimas. Es algo que nunca olvidaré y que nos da una idea de la clase de persona que había tras el sonoro nombre de SARA MONTIEL.

EL ROSTRO MAS BELLO QUE SALIÓ DE LA MANCHA

Quiero aclarar que las conversaciones que mantuvimos, fueron en Oliver la mayoría, y siempre cuando podía quitarse de encima su corte. Era como si yo le diera confianza, como si tuviera un ángel en mi rostro y Antonia me necesitase, también ella sabía que yo me moría por saber; el cine y ese mundo era todo para mí. Han pasado más de treinta años, es difícil escribir exactamente sus palabras, el tiempo juega malas pasadas al cerebro, pero puedo asegurar que la esencia de nuestras conversaciones está intacta en mí y seguirá así por muchos años que transcurran. Años después en otros espectáculos que representó en Madrid con rotundo éxito, Pepe Tous hizo lo posible por tenerme lejos, pero siempre Antonia salía a mi favor, y presencié muchos momentos de éxito entre cajas y aprecié mucho más la enorme profesionalidad de una mujer que había abandonado el cine por decisión propia, a pesar de las muchas ofertas, para quemar sus días en los escenarios de Madrid, mas tarde por el mundo, hasta que empezó a hacer su aparición la crueldad de los años.

Vicente Parra, que era su pareja en VARIETES, tenía todas las tardes que ir al teatro, en aquellos días actuaba junto a Lola Herrera en una obra que no recuerdo y se le veía nervioso, tenso. Cuando tenía que actuar con Sara, como por ejemplo en la secuencia del camerino, cuando él se refiere a que su vida era como una cometa, fue repetida muchas veces, el actor no se concentraba y acabó con los nervios de Bardem. Fue ella la que terminó ese plano, saliendo del encuadre y poniéndose tras la cámara, enfocó de forma diferente, colocó el objetivo y se repitió la toma. Valió a la primera, todos nos quedamos de piedra, al menos yo pensé para mis adentros, aunque luego lo hablé con ella, que podía haber sido una estupenda directora de cine. Vicente, gran amigo de ella y vecino, pues ambos vivían en la Plaza de España, era un hombre huraño, presumido, pendiente siempre de lo que la cámara podía extraer de él y de pocas palabras. Yo me llevé en esos días una cierta decepción con el actor. Años más tarde demostró en colaboraciones que hizo en cine, ya mayor, que no era siempre así, indudablemente tuvieron que pasar muchos años, después de aquel 1970. En los números musicales, que todos, absolutamente todos se rodaron en los Estudios, Sara imponía con mano dura su criterio, su bien saber y en esos momentos, el director Juan A. Bardem era menos importante, allí solo se hacia y se obedecía a la estrella, cosa por otra parte lógica, ya que mejor que ella nadie sabía cómo daba en primer plano, o cómo tenía que mover el blanco abanico de plumas, o cómo y a qué ritmo tenía que bajar las escaleras del tango de Celos. A simple vista podían parecer ataques de divismo, pero nada más lejos de la realidad, Antonia-Sara era una auténtica profesional, había aprendido mucho cuando estuvo casada con su primer esposo y estaba claro que la película iba a poseer el toque Montiel, eso nadie lo podía discutir. Se jugaba su nombre y aunque por entonces ya tenia 42 años, las arrugas ya eran visibles, Antonia las combatía con una crema que le traían de China, yo he sido testigo de como los milagros existen, pues nada más darse una pequeña capa antes de maquillarse, aquellas arrugas se iban a otros mundos, dejaban la cara tersa, lisa y con la enorme belleza de siempre. Nunca vi a una mujer transformarse de esa manera para el cine, creo que en estos momentos una frase que dijo Billy Wilder sobre Marilyn, viene perfectamente al caso:

"Puede parecer una mujer de lo mas normal, si no te dicen que es ella, ni te fijas, tampoco le ves que tenga posibilidades, en cambio en cuanto se le pone la cámara delante y se grita "acción", se trasforma y el resultado en pantalla es soberbio, único e increíblemente maravilloso".

SU ÚLTIMO FILM:

CINCO ALMOHADAS PARA UNA NOCHE

 

Las curiosidades y anécdotas de aquel histórico rodaje han dejado mucha huella en mí, y a nivel personal pude apreciar la clase de sentimiento que Antonia tenía hacia Pepe Tous, y la clase de persona que era su secretario. Pepe Tous era todo y al mismo tiempo parecía que nada tenia que ver con ella, Antonia le llevaba, porque alguien tenia que traerle el café, o un simple helado, o tal vez conducir el coche hasta los Estudios. Yo creo ahora, con la nitidez que te da el paso del tiempo, que Antonia utilizaba a Tous por lo que representaba, ser dueño del periódico Ultima Hora de Palma de Mallorca, y un hombre más a fin de cuentas. Cuando les volví a ver, muchos años después, todo era totalmente distinto, pero en 1970 Tous pertenecía a su corte, como lo era su fotógrafo, la peluquera y nada más. Su secretario era otra historia, su atractivo era palpable, al igual que su homosexualidad y puedo afirmar que de no haber sido por Antonia, yo hubiera tenido que sucumbir a sus "encantos", si quería seguir allí. Pero puedo afirmar que a pesar de sus llamadas a mi domicilio, de sus invitaciones a comer o cenar en los sitios más lujosos de Madrid, el pobre hombre se quedó sin saborear el buen vino que salía de mi cuerpo en aquellos años. No me resultaba agradable su presencia, notaba en él como cierto despotismo, altanería y una crítica constante a todo lo que ella hacía. Meses después Antonia me dijo que prescindió de sus servicios, yo nunca le pregunté el motivo, pero en el fondo me alegré.

Los hombres en la vida de Antonia han jugado siempre una baza muy importante, está claro y yo no voy a descubrir América con ello, que el atractivo de SARA MONTIEL era de primera magnitud, su sensualidad no tiene fronteras y su belleza está considerada, junto con Ava Gardner y Elizabeth Taylor, como los tres rostros más perfectos del cine. Eso atrae en masa al macho ante la hembra, hace que los sentidos se multipliquen por 100 y que las sábanas no reconozcan siempre el mismo aroma que impregna sus arrugas. Pero de todos los hombres importantes que han pasado por su vida, y esto no lo digo yo, ni los libros que se han escrito, ni se escribirán, me lo dijo ella personalmente, solo uno es el eje central del corazón mas solicitado del mundo, y por el que ella estuvo a punto de dejarlo todo. Miguel Mihura fue el único hombre en su vida, por el que ella intentó quitarse la vida, el que adoraba su madre y con el que ansiaba casarse, pero Antonia no pudo soportar las limitaciones de Miguel, su buscada soledad cuando trabajaba y las rarezas de carácter que hicieron de Mihura un personaje digno de psicoanalisis. A Antonia no le quedó mas remedio que continuar su camino, pero sin poder mirar hacia atrás con ira, las lágrimas se lo impedían.

Recuerdo que me dijo:

"Miguel fue mi único gran amor, al único que amé de verdad. Los demás han sido puntos donde aferrarme para lograr mi objetivo, pero él era distinto, poseía ternura, inteligencia, me enseñó de todo.....prácticamente a escribir, mimaba a mi madre, tanto o màs que yo, me transformó en otra mujer. Miguel era un hombre de verdad, pero lo nuestro fue imposible y nunca le olvidaré".

Yo había conocido a Marlon Brando en Paris, y estuve a punto de abandonar España para establecerme en Los Ángeles y ser guionista, pero circunstancias personales impidieron que realizase lo que posiblemente hubiera sido mi mayor logro. Brando me llamaba e intentó muchas veces convencerme de ello, pero se hizo un gran paréntesis entre él y yo, que duró años, en los cuales yo no volví a saber, salvo lo que se publicaba en la prensa.

Antonia fue gran amiga de Brando cuando ella vivió en Hollywood y en una de las ocasiones en que nos vimos, me preguntó sobre nuestra amistad. Al ver que yo no sabía nada, se encargó personalmente de tenerme informado, pues todavía conservaba la amistad con la familia del actor. De esa manera he sabido de Brando infinidad de veces, y una vez hablamos por teléfono; presiento que en esto Antonia tuvo mucho que ver. Detalle por el cual le estaré eternamente agradecido, aunque aquella vez fué la última que hablé con él. El tiempo se encargó de dejar que el viento se llevase algo fundamental en la vida de este soñador del cine, hasta aquel verano, en el que todos los medios de difusión anunciaron la muerte de Marlon Brando, recuerdo que era Julio, pero no quiero saber el año. Me duele pensar que ya no vive, que no respira, que ya no está en el mundo, que se fue para siempre.

 Así era Antonia con sus amigos, así se portaba siempre con las personas que estimaba, admiraba y amaba. Nunca he conocido a nadie con tal capacidad de amor, de bondad y generosidad. Comprendo que es muy difícil traslucir todo esto de una estrella como es ella, y comprendo que la imagen que da actualmente ocasione críticas de todo tipo, pero esta SARA de hoy, no es la SARA MONTIEL que yo conozco, el desdoblamiento tiene que ser ahora mucho mas acentuado que hace treinta años, cuando me habló de ello y acercándose a los 80 años, con mayor motivo. Pero quiero dejar constancia que para mi Antonia es intemporal, no tiene, ni tendrá edad, es una mujer única, una estrella sin posible comparación, una belleza de admiración incansable, donde los caminantes se detienen para observar el ocaso de un sol que se va ocultando, no sin hacerlo con el espectáculo mas increíble creado para el ojo del hombre. SARA es inmortal como el templo de Artemisa, o las mismas Pirámides de Keops, posee la calidez de la arena de Egipto y el sabor a tierra salada de las playas del Caribe. ANTONIA es la mejor amiga del mundo y atesora la candidez de un recién nacido en espera del alimento materno. 

Hay algo que me emocionó mucho. Una tarde en Palma de Mallorca, sin que hubiera nadie presente y desde aquel mausoleo al divismo más apocalíptico que era su enorme residencia, vestida con una una bata blanca, sin maquillaje ninguno, con esa piel amarillenta que poseía cuando no contaba con maquillaje, cuando era la Antonia que admiro, sentados uno enfrente del otro, me dijo:

"Cada vez que me he enamorado ha sido siempre de hombres mayores y creo que eso ha sido porque buscaba la imagen de mi pobre padre. Pero cuando murió, no lloré, ni sentí angustia por dentro. Sabía que contaba con todo su apoyo, el suyo y el de mi madre. Sé que estarán siempre conmigo....".

No podía articular palabra, era fuerte ver a Antonia así. Sentí una inmensa pena por ella, por la mujer, por la estrella, y ahora al cabo de los años, he comprendió muy bien sus palabras de aquella tarde, lo he comprendido al morir mi madre hace poco tiempo. Se siente una inmensa pena, pero queda una cierta tranquilidad, porque sabes que cuentas siempre con el apoyo de los seres que se van, porque se quedan siempre contigo.

También me sorprendió cuando recordaba sus días en México, en Acapulco y se sonrió al saber el pánico que yo sentía a volar:

"A mi también me da miedo, pero me aguanto Juanito, me aguanto. Pero aquella vez volé porque era el cumpleaños de una amiga, María Félix y estaba invitada a su fiesta, fuí sola, con mi manager, Pepe no me acompañaba aquella vez y cuando volví a España regresé sin un collar de diamantes, regalo de mi primer marido y sin un anillo de esmeraldas, que llevaba enlazadas dos piedras. Marìa siempre admiró mis joyas, ella tiene y muchas, pero cuando desperté para coger el avión, noté la ausencia de Marìa, me dijeron que estaba indispuesta, también noté que me faltaba un collar y otro anillo. Esas son las personas que dicen ser mis amigos, esa es la corte que me sonríe, los de la foto del momento, cuando la realidad es muy diferente".

El cine español ha dado grandes figuras, seres inalcanzables de proporciones gigantescas, a las que la mano humana no tiene derecho a rozar, ni alcanzar para cualquier fin. Podría nombrar muchos de los rostros que se han ido, y muchos que aún viven y os juro que en todos ellos, la presencia es una y la realidad otra totalmente distinta. Forman como una especie de muro alto, inaccesible, en donde su publico queda como encerrado esperando el regalo de una sonrisa que se escapa, un gesto que nos haga pensar que son reales, o están los que son como Antonia, los que no tienen el muro, donde su mano siempre esta dispuesta a ayudar, a ofrecer toda la magia que desprende y regalarla en pequeñas dosis toda la fisonomía y la voz de quien ha hecho de su arte una escuela, y de su bondad un triunfo absoluto a los que nos hemos negado siempre a ser cortesanos de la reina sin trono. SARA MONTIEL es como una piedra preciosa, posada sobre un arroyo, donde el sol da brillo a la caída de la tarde, porque sus rayos a esas horas poseen mucha mas belleza que en el resto del día y eso ella lo sabe mejor que nadie....y pienso que así será siempre.

Antonia posee una enorme fortuna, tiene varias casas en Madrid, propiedades en Palma y muchos restaurantes de lujo en toda la isla, aparte del enorme ático que posee en Núñez de Balboa en el Barrio Salamanca de Madrid, donde vive. Resulta evidente que aquella muchacha que un día salió hacia Orihuela, luchando contra el hambre y recogiendo papeles para luego venderlos por apenas 1 peseta, ahora es una de las mujeres más ricas de España, y su nombre se ha cruzado con otros de inmensa categoría....No voy a nombrarlos, sería una estupidez, porque todos los sabemos, pero a mi, que soy un cinéfilo recalcitrante, en uno de nuestros encuentros, le pregunté por dos de los nombres que más me interesaban: Marilyn y Brando.

"Conocí a Marilyn cuando estaba casada con Miller, este elemento era un pájaro de mucho cuidado, la ignoraba cuando la prensa no estaba delante. Cuando Tony y yo estuvimos en su casa, observé como Marilyn escuchaba embobada las palabras que pronunciaba su esposo, apenas dijo nada, pero tenía una tristeza tremenda y sentí lastima por ella. Era el clásico producto de Hollywood, una mujer muy bella...... Siempre que voy a Los Angeles acudo al cementerio donde dicen que está enterrada, y le llevo rosas blancas, que eran sus preferidas. Fue una crueldad lo que hicieron con ella, asesinándola."

"Marlon era un caradura, muy atractivo, poseía unos labios que quitaban el aliento y unas manos calidas y largas, pero siempre estaba hambriento. Entraba en nuestra casa como el que va de compras a un comercio, abría los cajones, rebuscaba y acababa directamente en la cocina. Le entusiasmaba la comida española y yo le hice varias veces los platos típicos de mi pueblo. Poseía un enorme corazón y ayudaba a todo el mundo, despreciaba su trabajo y eso es algo que no llegué a comprender nunca. Cuando le concedieron el Oscar por EL PADRINO no me extrañó nada que no fuese a recogerlo, Marlon era imprevisible, además tú le conociste bien, sabes que no miento."

Efectivamente Antonia no mentía para nada, y en nuestras conversaciones de Oliver, fui conociendo muy íntimamente a la mujer, también a la enorme profesional. Supe de sus labios la negativa que dio a los directivos de TVE, cuando la propusieron participar en una serie sobre la vida de Alfonso XII, en donde ella encarnaría a la Reina Isabel, madre del rey, con un presupuesto de mucho dinero. La producción no llegó a realizarse, no se supieron los motivos, tal vez el guión no era el apropiado, tal vez la negativa de rodar en Palacio, o mil cosas que suceden en los proyectos y que al final como fantasmas vuelan sobre nuestras cabezas, sin aclarar la verdad. Me imagino la serie, me imagino a Sara libre de ataduras interpretando el papel y cierro los ojos por un momento, disfrutando del espectáculo. Hubiera demostrado que aparte de cantar como nadie sus famosas canciones y de marcar un estilo propio e insustituible, habría estado magnifica encarnando a la Reina Madre. No le pregunté nunca los motivos.

Cuando Anthony Mann iba a dirigir la superproducción EL CID, antes de tener el reparto completo, el director habló con el productor Samuel Bronston para que su esposa interpretara a Doña Jimena, creía que nadie mejor que SARA MONTIEL podría dar vida a la esposa de Rodrigo Díaz de Vivar, una española, morena y de gran belleza, dirigida por su marido, nada podía ser mejor. Estaban ultimados muchos detalles, y hasta SARA hizo algunas pruebas de vestuario, se daba por contado que la pareja de Charlton Heston sería SARA MONTIEL, pero la estrella tenía un contrato ya firmado con Cesáreo González para hacer PECADO DE AMOR, LA REINA DEL CHANTECLER y LA BELLA LOLA. Las dificultades que le pusieron fueron enormes, exigían a Bronston una cantidad enorme de dinero por traspasar a SARA y que trabajara en EL CID, ella recibió amenazas por parte de la productora. No olvidemos que SARA era una fuente de dinero inagotable, sus películas eran auténticos éxitos de taquilla y no fue una tarea fácil. Al final Anthony Mann tuvo que desistir de dirigir a su esposa, de incorporarla en una superproducción de esas características, y se contrató a Sofía Loren. Me enteré hace muy poco que lo intentó nuevamente con LA CAÍDA DEL IMPERIO ROMANO, que Anthony Mann dirigió también para Bronston, pero surgió la negativa otra vez. Nuevamente nos quedamos sin verla en unos films que pretendían grandes productos, y nos quedamos con la estrella de siempre, sin darle opción a demostrar su posible talento como actriz. Volvimos a deleitarnos con sus historias de amor, bañadas con el mejor licor de unas canciones que forman parte de nuestra vida. Pero yo en ocasiones he dejado volar mi imaginación, y la ví como Jimena, el resultado dentro de mi fantasía…. ¡inmejorable!.

Si Sara hubiera aceptado los papeles que le ofrecieron en Hollywood, actualmente sería uno de los nombres míticos mas importante del Séptimo Arte y su figura como estrella se hubiera difuminado, para convertirse en una sólida actriz. Sara nunca ha querido que se la doble en el cine español, me dijo que fue una promesa que le hizo a su madre, y una de las cláusulas de todos sus contratos. Yo personalmente le dije en una ocasión que, doblada como se suele doblar en España, uno de los países que mejor doblan en todo el mundo, su figura como estrella indiscutible del cine hubiera alcanzado cuotas inimaginables, pues hay que reconocer que hablando en sus películas no tiene un timbre de voz convincente, su sensualidad para interpretar las canciones no tiene rival, pero como actriz su voz desgraciadamente nunca le acompañó, no resultaba convincente. Con un buen doblaje, realizado por una buena actriz como las hay en este medio, sus historias de amor, plasmadas en todas sus películas, hubieran cobrado un realismo espectacular. Pero ella era la que decidía en muchas cosas, como sus estudiados primeros planos, imponía un sabio criterio para gloria de los espectadores, porque nada es comparable a tener delante en la amplitud de la pantalla de un cine, la perfección de unos rasgos que solo ella posee, y su forma de cantar aparte de estremecer, rezuma el más completo sensualismo que el cine ha vivido. Creo que Sara se equivocó en esto, pero supo paliarlo con "las imágenes de nuestra vida", en las que ella forma parte primordial de todas ellas.

Iba a interpretar EL ALAMO, al lado de Paul Newman, EL AMERICANO con Glenn Ford, EL HOMBRE DEL OESTE, otra vez con Gary Cooper, un film al lado de MARIA FÉLIX, en la que las dos divas iban a competir en belleza y narraba una tremenda historia de terror y suspense, también un proyecto que pocos saben y que ella me contó: Marlon Brando la quiso por encima de todo en su ROSTRO IMPENETRABLE, encarnando la esposa de Karl Malden, en lugar de Katy Jurado, pero estos y muchos màs proyectos se fueron a otra galaxia ante el contrato que SARA tenía firmado con CESÁREO GONZÁLEZ, para hacer cinco películas a partir de LA VIOLETERA (otro film a tener en cuenta), con unos honorarios que para la época ya los quisiera la mismísima ELIZABETH TAYLOR. Pero no estamos aquí para lamentaciones, para imaginar lo que pudo y no pudo ser, mi propósito es hablar de la amiga, de la insuperable magnitud de su estrella y de formar una personalidad que mucha gente en el mundo desconoce. SARA MONTIEL no es un producto de marketing, ni sus películas fueron grandes obras maestras del cine, pero hay que reconocer que marcó un antes y un después en el cine español y el público de aquellos años hacían verdaderas colas para admirarla. Las hemerotecas están llenas de imágenes, si alguien lo duda, puede consultarlas libremente.

Mis años fueron pasando a una velocidad en la que el tiempo juega cruelmente. Mi vida y posición particular se transformó en el clásico padre de familia, en el esposo deseado y en el amigo que buscaba afanoso fronteras. Me centré en mi profesión, siendo un hombre de éxito, pero interiormente extrañaba aquel mundo de luces y sombras, aquellas voces, aquellos guiones, no podía olvidar las conversaciones relacionadas con el mundo artístico y siempre guardaba en mi mente los momentos vividos, como los tengo ahora, a veces no con la suficiente nitidez, pero que son míos, como son estos seres de los que escribo, a los que en cierta forma amo y selecciono con pulcritud, como me está pasando con este artículo sobre MARIA ANTONIA ABAD FERNÁNDEZ. Quiero decir con esto que mi distanciamiento del mundo de Antonia fué grande hasta hace poco, he sabido más por los medios, que por ella misma, pero siempre que he llamado, ha reconocido a aquel muchacho atractivo y joven que la sableaba a preguntas y que compartía el estupendo café que nos servían en Oliver. ANTONIA siempre ha estado a mi lado, es como mi referente de admiración hacia la mujer y cuando reviso sus películas, especialmente VARIETÉS, en donde formé parte, recuerdo la sonrisa y la profesionalidad de Trini Alonso, los chistes continuos de Emilio Laguna y me estremezco al recordar lo mucho que se aportó para que aquella película tuviese un clima especial, el aroma de los cómicos que van de un lado a otro, la ambición de la estrella que lo tuvo todo, pero que debe dar paso a otras generaciones....VARIETÉS es como ese niño delicado, triste, pero brillante que en las noches largas nos hace ser mejores, ampliando la visión que siempre tendré de un mundo que amo, más que a mí mismo. Os recomiendo ver el film ahora, después de los años, en pleno siglo XXI, algo sobresale de él que merece la pena. Es como una pieza de culto dentro de la amplia filmografía de nuestra SARA.

Mis sueños a lo largo de mi vida han sido siempre presagios de vivencias, con algunos hasta me cuesta despertar y aceptar la realidad, otros son como ese amigo deseado que se escurre de mi mano, dejando sabor a fantasía y sensualidad. No he sentido el paso de los años en este aspecto, al contrario, sueño cada día más y algunas veces despierto, que son los  más duros y difíciles de apartar. Siempre que ello me sucede, personajes que tuvieron que ver en mi vida se entrecruzan danzando de forma macabra, electrizando mi vello y dejando un amargo sabor de boca, que yo procuro desechar. A veces les llamo mis fantasmas, mis seres, mis musas, mis deseos incontrolados, pero no hay mayor tristeza en la vida de un hombre que soñar, despertando en la oscuridad, caminando por un desierto totalmente solo y comprobando que aún quedan muchas horas para que amanezca. Dicen que los que escribimos somos portadores de sueños, almas que nunca lograron su objetivo en la vida e intentan conseguirlo sobre la blancura de unos folios. Hay parte de verdad en ello, y parte de mentira, cuando uno no alimenta su intelecto, otros lo harán; si tú no puedes probar bocado, otro te lo dará y así el hombre camina, en una sin razón que son las razones de que está compuesta el alma humana. Yo, debo decir hoy, que he conseguido hacer que mis fantasmas desaparezcan, que la niebla que acompaña a mis pesadillas el viento se la lleve, porque siempre siento sobre mi piel la compañía de hombres y mujeres que dan vigor y belleza a mi vida. Todos forman una galería personal llena de recuerdos, sé que ni ellos mismos adivinan desde su lejanía que existe un hombre que nunca dejará de darles su mano, sé que de entre todos, algunos son más míos que de ellos mismos, y también sé que soy el último hombre en la tierra que tiene derecho a tributarles nada, porque ni yo mismo comprendo la palabra tributo, cuando caminan, viven y los noto siempre vivos dentro de mi corazón. Los dioses nunca mueren, su estela de oro y luz permanece intacta en el crepúsculo en donde habitan, por eso los amo, los conservo en mí y escribo de forma a veces tan surrealista como mi propia persona. Quiero que mis sueños, mis fantasías y realidades sean compartidos con el mundo entero, deseo que millones de ojos lean mis textos, porque de esa forma mis despertares no tendrán ese sabor tan amargo. En la actualidad, lejos de fantasmas, nieblas y sabores ácidos, el tributo incomprensible se ha transformado en sincero homenaje hacia una simple amiga, hacia una mujer que aceptó la juventud de un hombre fuera de su entorno y supo enseñarle la palabra bondad y sinceridad en toda su magnitud. Ahora, al cabo de más de treinta años, me toca a mí, ese hombre, hacer volar mi mensaje hacia un mundo que espera, en honor a un ser nacido para la admiración y el culto, llamado SARA MONTIEL, aunque para mí seguirá siendo ANTONIA.

 La imagen que siempre dio SARA MONTIEL durante muchos años, fue la de una mujer liberal, sensual, peligrosa y atrevida. Recuerdo que tanto el público, como la prensa siempre se hacían eco de la noticia fácil, del morbo que traslucía el encanto de los pechos más famosos del franquismo, de sus actuaciones en La Granja (Segovia) ante Franco y su sequito, de los cientos de amantes que pasaron por su cama, de su carácter insoportable o de su divismo intransigente ante todo lo referente a su imagen, o de las zancadillas que puso a muchas compañeras de profesión. Pudiera haber parte de verdad, o mucha leyenda, pero sobre todo, una inmensa envidia. Sara sí era liberal y sí actuó ante Franco en La Granja, pero el resto es falso, una enorme mentira de la que se han servido siempre y que ha tenido que soportar como una losa. ANTONIA llevaba siempre las de perder en un mundo que no es precisamente cultivo de orquídeas, donde ella y SARA caminaban veloces, tampoco la corte que le seguía, eran los seres más apropiados, por eso quiero que quede claro que tanto la una como la otra, como ya me refería anteriormente, porque el desdoblamiento ha sido siempre algo que no ha superado, siendo una misma persona, han dado la imagen que el publico exigía y si el éxito le vino fue porque imágenes tan bellas  como las que ella desprendía eran como vehiculo hacia una liberación, y un regalo para sus adictos, siempre por la carretera árida semejante a los campos de su pueblo y con una música de fondo que solo SARA consiguió que fueran las canciones de nuestra vida.

La pantalla del cine está compuesta de sueños, aventuras, historias, color y música. En ella hemos disfrutado de los mejores momentos en algún instante de nuestra existencia y esos recuerdos viven con nosotros como una bella melodía, enriquecedor sonido e himno deseado. SARA forma parte de todo esto, es aventura, color y música, pero con un grado de belleza tan elevado que hasta las pantallas gritaban de dolor ante tanta perfección visual. SARA lo posee y hasta los cánones estallan, desconfigurando la estructura de la misma. Nada en ella es vulgar, como no lo es, ni en la rosa, ni en la orquídea, ni en una puesta de sol. Nos quedan sus películas, sus imágenes, sus canciones y los que podemos ver a ANTONIA a su lado, nos sentimos los seres más afortunados del mundo, porque aparte de su magnitud como estrella, también hemos conocido su corazón.

Sara como estrella es incombustible, Antonia como mujer es un ser nacido para ofrecer amor, amistad y generosidad, ambas me han dado los mejores momentos de mi vida en aquellos años 70 y 80. Nadie como yo puede decir que un personaje como ella pudiera preocuparse de un joven que trabajaba en una entidad financiera, y sus anhelos iban en dirección opuesta. En cambio y aunque pueda parecer inverosímil lo hizo, me ayudó, me aconsejó, me reunió con personas a las que yo amaba profundamente y me dió su mano para que entrase lenta, pero firme en la fábrica de sueños con los ojos bien abiertos y dispuesto a comerme el mundo. La peligrosidad de que ese mundo me devorase a mí me rozó cientos de veces, pero ahí estaba ella con su experiencia, su amistad y consejos. No podré olvidarla mientras viva, aunque mañana mismo muriese, su presencia siempre estaría a mi lado, como uno más de los seres que me hicieron mejor persona, en un mundo en el que la traición, la envidia y el olvido son banderas en continuo movimiento.

Yo creo que sus películas son como esos viejos pergaminos con olor del paso de los años, que siempre reposan en el viejo baúl, pero que conservan intacto el encanto de una época que nunca puede morir, porque están tejidos con el color y la música de nuestra existencia y al escuchar el sonido que produce el contacto con ellos, el mundo gira en contraposición a la realidad, dándonos la sensación de que hubo un momento, un instante en que todo resurgió de las aguas, igualando en belleza a la misma espada Excalibur y esculpiendo sobre la roca de nuestros recuerdos, el nombre de una mujer que fue expulsada del recinto de los dioses, por poseer una belleza demasiado perfecta.

"La Mancha en ti, mujer, y en mi corazón el dardo. Eres demasiado bella para el cine, lo tuyo es el teatro".

( León Felipe.)

 

 

 

 

    Epílogo

 

En uno de mis viajes a las llanuras de Don Quijote, tierra de gigantes, lugar de mis antepasados como es La Roda de Albacete, cuando el tren en que viajaba, llegó a la estación de Campo de Criptana, me bajé y anduve por sus calles, contemplando sus gentes, muy similares al pueblo a donde me dirigía; pero quise hacerlo aquella mañana y no me arrepiento, porque era como volver a vivir mis recuerdos e imaginar aquel pueblo años atrás, en 1928 cuando nació Antonia, caminé mucho, contemplé todo lo que mis ojos pudieron ver y recuerdo que conversé con una mujer mayor, que estaba sentada en la puerta de su casa, tenía el rostro enjuto, con marcadas arrugas y su ropa poseía el aroma del fuego de cualquier chimenea, al cobijo del calor. Le pregunté por la familia Abad Fernández, y más concretamente por Maria Antonia Abad Fernández. Recuerdo la conversación que mantuvimos, pero solo quiero entresacar de ella, estas palabras:

"Yo era vecina de Antonia y de su hermana Elpidia. La ví cuando regresaron de Orihuela. Era una belleza, una auténtica belleza. Todos estábamos siempre detrás de ella, era como si algo nos obligase a seguirla, a escuchar sus palabras, sus gracias, chistes..... Antonia entonces ya empezaba a acostumbrarse a vivir en Orihuela, pero cuando llegaba aquí, a su pueblo, su rostro y sus "ojicos" brillaban más, su negro pelo era más hermoso, parecía otra persona. Nunca he visto nada parecido, era tan "bonica", tan simpática. A veces me siento aquí en la puerta y espero verla como entonces.....".

Existe una frase que bajó un día empujada por el aire, el calor y el cielo siempre azulado de una tierra de gigantes, ¿la leí o la escuché de sus labios?, no puedo precisar, también... tal vez me la dijo la misma anciana, pudo ser en ese mismo día que pisé La Mancha, en este momento no puedo recordar, pero está ahí:

 

 

 

En Campo de Criptana hay una leyenda muy popular, que solo los viejos recuerdan;

En las noches claras de Marzo, cuando el cielo está limpio, una estrella cruza el cielo de lado a lado, sobre los molinos de viento de la Empinada....

Dicen que solo ocurre el día 10....